jueves, 23 de agosto de 2007

Sensaciones

En la espalda, a lo largo de la espina, libero endorfinas que se riegan rápidamente por mis venas, deprimiendo mis músculos, relajándolos casi de manera instantánea, mis manos se enfrían y mi pulso parece detenerse, siento mi visión bajar su brillo pues mis pupilas se cierran más de lo normal, y mi respiración se detiene para después reanudarse con un suspiro profundo, los ruidos a mi alrededor parecen desaparecer al tiempo que mis oídos los atenúan para dejarme pensar claramente. Ahora mi cerebro demanda toda mi atención y la glucosa que reside en mi sangre es usada por mi cerebelo para deprimirme, un milisegundo después, mis lagrimales trabajan y mis mejillas enrojecen notablemente. Sí, esas sensaciones son conocidas, bastante diría yo, y ahora sé bien lo que mi cuerpo me intenta decir. Mi cerebro intenta apagarse, y necesito dormir inmediatamente.

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